Reciclar jugando

Cuando se trata de medio ambiente, la inversión más rentable a corto, medio y largo plazo se llama infancia. Enseñar a una niña o un niño a reciclar, e inculcarle el respeto por la naturaleza y por su entorno, es una apuesta con ganancias aseguradas y efecto multiplicador: no hay mejor estímulo que un pequeño concienciado y entusiasta para que toda una familia se ponga las pilas y comience a tomarse en serio las cuestiones medioambientales.

Dibujos para distinguir contenedores y residuos

Dibujar, pintar y recortar, las actividades más repetidas por peques en sus primeros años, pueden ser grandes aliadas para exponerles las reglas básicas del reciclaje. Es muy eficaz animarlos a dibujar los distintos contenedores para la separación de residuos, pintarlos con el mismo color de los que encontrarán en la calle y, una vez recortados, pegarlos en la cocina sobre los cubos correspondientes a cada residuo. Así no tendrá dudas a la hora de llevar a la basura el vasito del yogur, el corazón de una manzana o el frasco de cristal de la mermelada. Y los mayores, tampoco.

Convertir los residuos en juegos

La reutilización que permite transformar objetos desfasados o aparentemente inservibles en nuevos productos, en ocasiones con más valor. Aplicar esta técnica con los niños es tan fácil como reunir varias botellas de plástico usadas del mismo tamaño, convertir el papel de aluminio del bocadillo en una bola y jugar en una partida de bolos en el pasillo de casa o en una esquina del salón. Pueden convertir un calcetín viejo en una marioneta, hacer de un bote de champú un lapicero o lo que se te ocurra! Échale un ojo a estas ideas.

Paseos por la playa para dejarla un poco más limpia

Un plan que cualquier familia puede improvisar un fin de semana de buen tiempo, sobre todo fuera de la época estival. Disfrutar de la playa cuando está vacía es un privilegio para cualquier paseante y contribuir a acabar con la fea estampa de las botellas de plástico mezclándose con las algas en la orilla puede convertirse en una actividad muy enriquecedora: los niños se darán cuenta de que los plásticos son un problema muy grave para los ecosistemas marinos y se sentirán importantes por contribuir de forma activa a la solución. Ya sabes de qué va esto: dejar el mundo mejor de cómo lo encontramos.

Premiar el reciclaje: tapones, pilas, papeles usados…

Poner objetivos y premiar su cumplimiento es otra manera estimulante de fomentar  los hábitos medioambientales responsables entre los más jóvenes. Si perciben el reciclaje como una competición saludable, recoger tapones, tirar los papeles usados en el depósito correspondiente o acumular las pilas en un bote para llevarlas al contenedor específico será un juego divertido y motivador. Para premiarles no hará falta en muchos casos utilizar siquiera algo material. A algunos niños les bastará con darles puntos, por ejemplo, en función de los objetivos que vayan cumpliendo, inventarse un carné de reciclaje donde anotar sus logros o explicarles qué han conseguido con cada acción de reciclaje.

Aprender a donar o reutilizar juguetes, ropa y libros

Una de las asignaturas pendientes para mayores y niños que cada vez resulta más apremiante superar es la erre que acompaña a reciclar y reutilizar: reducir. Reducir es un verbo con enorme potencial en materia de medio ambiente y que tiene que ver, entre otras cosas, con valorar los recursos de los que disponemos y tratar de sacar el máximo partido a los objetos y los productos antes de desecharlos. Por eso es importante fomentar una conciencia crítica con respecto a la cultura del usar y tirar, ya se trate de una bolsa de plástico, de un juguete que ya no divierte o de una prenda de ropa que se queda pequeña. Inculcarles la importancia de cuidar y valorar las cosas y hacerlos partícipes de la donación de los objetos usados a otros niños que van a aprovecharlos es una gran lección de solidaridad, sostenibilidad y generosidad que les ayudará a contribuir de forma natural a una sociedad más justa.

 

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