El 6 de febrero es el del Día Internacional de Tolerancia Cero contra la Mutilación Genital Femenina (MGF), una práctica que de forma intencional y por motivos no médicos, alteran o lesionan los órganos genitales femeninos, siendo está reconocida como una grave violación de los derechos de las mujeres y niñas.

La mutilación genital femenina está arraigada en las desigualdades de género y los desequilibrios de poder entre hombres y mujeres y  una forma extrema de discriminación contra mujeres y niñas, violando los derechos a la salud, la seguridad y la integridad física, el derecho a no ser sometidas a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, y el derecho a la vida en los casos en que el procedimiento acaba produciendo la muerte.

Se calcula que unos 68 millones de niñas serán sometidas a la mutilación genital femenina de aquí a 2030.

Existen 3 principales tipos de Mutilación Genital Femenina:

  • Tipo I (Clitoridectomía). Eliminación del prepucio del clítoris, con o sin amputación parcial o total del clítoris. En el mundo islámico se equipara a la circuncisión masculina.
  • Tipo II (Escisión). Resercción parcial o total del clítoris y los labios menores y, a veces, también los mayores.
  • Tipo III (Infibulación). Ablación del clitoris, labios menores y mayores, con sutura o estrechamiento de los lados de la vulva. Es la intervención más agresiva anatómicamente.

Se calcula que en España, más de 18.000 niñas menores de 14 años, están en riesgo de sufrir mutilación genital. Y cada año se mutilan los genitales a tres millones de niñas, es decir más de 200 millones de niñas y mujeres han sido mutiladas en el mundo.

La piedra caliente

Otra forma de violar los derechos de las niñas es con la práctica llamada “Planchar el pecho con piedra caliente”, una práctica de las menos denunciadas a nivel mundial, pero que se está extendiendo rápidamente y que consiste en quemar el pecho “rompiendo el tejido” de las niñas con una piedra caliente, las veces que sea necesario, para retrasar la formación de los pechos. Esta práctica que deja tanto marcas físicas como psicológicas, infecciones, imposibilita la lactancia y provoca deformaciones, es considerada por los progenitores como una medida tradicional que protege a las niñas de atraer la atención de los hombres, del acoso sexual y de las violaciones.

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