Día de la diversidad cultural

Fíjate en lo difícil que resulta hablar de los beneficios de la diversidad cultural hoy en día. Pareciera que ya no queremos ser diversos, ni empaparnos de las filosofías de otras personas, o de otros lugares o religiones. Da la sensación de que nos hemos acomodado a vivir rodeados de mucha gente que nos dice lo que queremos oír, que estamos tan dentro de nuestra zona de confort cultural que haríamos lo que fuera por mantener a otras culturas lejos de la nuestra.

Aunque parezca un poco extraño esto no ha sido siempre así, o al menos en la Península Ibérica, cuando en el siglo XIII personas que profesaban el cristianismo, el islamismo y el judaísmo vivían en una relativa armonía compartiendo el conocimiento que obtenían y beneficiándose mutuamente, aunque tampoco mantenían la paz absoluta, todo sea dicho.

Pero ahora, todo lo que no se adecúe a lo que podemos encontrar en nuestro barrio, en nuestra ciudad, país o continente, no merece convivir con nosotros, aparentemente.

 

 

La explicación que yo le encuentro al problema es el miedo. Creemos que vamos a perder lo que tenemos, lo que nos hemos ganado y que otras personas no merecen tenerlo, pues no conocen las tradiciones, la cultura, los modales o no piensan igual que nosotros sobre asuntos importantes como la muerte, dios, la historia, la comida y, en general, sobre casi todo.

Por eso, me parece fundamental abrir la mente a nuevas situaciones y tratar de comprender el porqué de la ropa, de la dieta, de las costumbres y de los gustos de otras culturas y tradiciones; pues así, tras plantearnos el porqué de otras culturas, podremos lograr entender la nuestra, y seremos más asertivos, abiertos y menos racistas o xenófobos.

Naciones Unidas declaró el 21 de mayo como el Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo. Y es que las tres cuartas partes de los mayores conflictos tienen una dimensión cultural.

En el Escultismo nos han enseñado que debemos ser amigos de todo el mundo, tratar bien a las demás personas, sin discriminar, aceptándolas y queriéndolas como son. Por ello, ver la compleja realidad que nos rodea y hermanarnos con personas de otras culturas, no deja de ser un acto de altruismo y amistad por el ser humano y que contribuye, sin lugar a dudas, a construir un mundo mejor.

 

 

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