La curva de la contaminación desciende

En estas semanas de confinamiento para aplanar la curva del coronavirus han bajado los índices de contaminación en buena parte del mundo: el cielo de Madrid ha perdido la boina de suciedad, desde la India han vuelto a ver el Himalaya (no sucedía desde hace tres décadas), y los animales disfrutan de los espacios en los que normalmente estamos las personas. Hasta oímos más el canto de los pájaros desde nuestros balcones y ventanas. La humanidad se ha detenido y la naturaleza remonta.

Madrid es, junto con Barcelona y Roma, una de las ciudades europeas en las que más ha caído la polución:

Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que, aunque se ha reducido la actividad económica para controlar la pandemia y eso ha conducido a mejoras  en la calidad del aire en algunos puntos del planeta, “los niveles de dióxido de carbono en las estaciones de observación clave han sido, hasta ahora, más altos que el año pasado“.

El dióxido de carbono es uno de los gases de efecto invernadero, que son los que provocan el aumento de la temperatura del planeta.

La pandemia causada por el COVID-19 se ha llevado por delante cientos de miles de vidas humanas en todo el mundo. Aun así, las Naciones Unidas recuerdan que el cambio climático es más mortal. “El coronavirus es una enfermedad que esperamos que sea temporal, con impactos temporales, pero el cambio climático ha estado allí por muchos años y se mantendrá por muchas décadas, y requiere de acción continua”, ha afirmado el secretario general de la ONU, Antonio Guterres. “No vamos a combatir el cambio climático con un virus. Aunque se le debe dar toda la atención necesaria, no podemos olvidarnos de la lucha contra el cambio climático, y los demás problemas que enfrenta el mundo”.

Estas afirmaciones son también secundadas por el secretario general de la Organización Metereológica Mundial, Petteri Talas. “El virus tendrá un impacto económico a corto plazo, pero las pérdidas serán masivas si pensamos en el calentamiento global. Estamos hablando de un problema de mayor magnitud, con consecuencias en la salud de las personas y en nuestras sociedades mucho más graves“.

Si no frenamos la curva de la temperatura del planeta, la ONU calcula que a partir de 2030 unas 250.0000 personas morirán cada año a consecuencia del cambio climático.

La directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Inger Andersen, apunta que “cualquier impacto ambiental positivo después de esta aborrecible pandemia debe comenzar por el cambio en nuestros hábitos de producción y consumo hacia modelos más limpios y sostenibles”,

Foto: Domingo Pestana Galván

Variación de la calidad del aire en China entre las primeras semanas de enero y las últimas de febrero. Foto: Cultura Inquieta.




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