A ‘refugio’ de la COVID-19

La COVID-19 está suponiendo una gran transformación en nuestra manera de vivir y concebir el mundo. Muy lejos quedan ya las grandes aglomeraciones, las interminables filas, y, en nuestro caso, también los campamentos y las noches al raso en tiendas de campaña. Sin embargo, para muchas personas, y a pesar de la grave crisis sanitaria, esto sigue formando parte de su rutina diaria.

La crisis de las personas refugiadas es uno de los grandes problemas sin resolver del siglo XXI y el coronavirus no ha hecho más que acentuarlo.

Campos de refugiados, como el de Cox’s Bazar, en Bangladesh, ocupado por 860.000 personas que duermen en tiendas de campaña que no superan los tres metros de largo en las que hay entre 5 y 6 personas, por lo que el distanciamiento social no se concibe siquiera como una opción posible; en Moria, en la isla griega de Lesbos, conviven 22.000 personas sin acceso a jabón y que comparten un solo grifo de agua por cada 1.300 personas, por lo que el lavado de manos constante, ese que a nosotros nos lleva menos de 30 segundos, tampoco se plantea; o el de la isla Samos, donde la situación es similar, con dos médicos disponibles para atender a 8.000 migrantes y cientos de personas en filas interminables todos los días para poder recibir comida. Aquí, la mayor de las preocupaciones tampoco es mantener la distancia de dos metros.

Según ACNUR, 134 países de acogida ya han reportado casos de coronavirus en campos de refugiados, donde los contagios se propagan de manera especialmente rápida por las precarias condiciones en las que conviven. A esto se suma que no solamente existen problemas para cumplir con las medidas de prevención sino que, con las restricciones de movilidad, miles de refugiadas no pueden llegar a sus aspirados destinos y tampoco pueden regresar a sus naciones de origen, ya que los países han cerrado sus fronteras; se ven condenadas a un mayor riesgo de contagio.

En este contexto, la ONU y multitud de ONG reclaman a la Unión Europea y a países como Estados Unidos ayudas para paliar los efectos que esta crisis sanitaria pueda tener para uno de los sectores más vulnerables de la sociedad. Defienden, además, que el temor a la COVID-19 ha exacerbado la xenofobia, el racismo y la estigmatización, poniendo en una situación todavía peor a estas poblaciones que se vieron obligadas a huir de sus países de origen por motivos de persecución o conflictos bélicos.

Es importante que en momentos como estos, sigamos manteniendo nuestro compromiso permanente, ya sea en el ámbito individual o colectivo, con quienes intervienen de manera directa sobre el terreno. Es también momento de intensificar nuestra exigencia para que las autoridades y organismos internacionales no diluyan la importancia de esta crisis de los refugiados, relegándola a un segundo plano, por detrás de otros problemas también importantes, aunque de carácter más económico o político.

Recursos para trabajar la crisis de las personas refugiadas con tu Grupo Scout

 


 

 

 

 

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